
Un martes alla por los años setenta, un grupo extenso de militantes de alguna sociedad extranjera, se reunen para festejar su aniversario de haber plantado su bandera verde en el pais.
Un galpon simetricamente enorme les da la bienvenida con un coctel de sonrisas psicodelicas.
Este año no hubo recital y el espacio de la pista fue reducido, algunos excedieron el limite de lo exagerado y otros ni siquiera se arriesgaron a vestir gafas.
Disco, Disco decia la invitacion y asi fue.
Violeta, fucsia, amarillo, azul y muchos mas colores ambientaban las danzas descoordinadas de estos excentricos militantes.
Nuevos integrantes, nuevas conquistas.
Las horas pasaban y algunos de a poco iban encorbandose, el resto ya lo estaban de antemano.
Las luces se prendieron, el sonido se apago, ¿donde vamos? fue la pregunta mas consumida de la noche, unos con otros, aquellos con esos, todo era un descontrol, toda la noche tenia sabor a esa decada setentosa del momento, no hubo compromisos y en algunos casos tampoco codigos, fue el mejor momento para alimentar las faranduleras bocas del staff.
Una especie de sucucho en la avenida sirvio de after relleno de alcohol como para un par de dias mas, pero termino siendo una total y acalorada fiesta de copas vacias.
El dia se anuncio de a poco pero estos militantes poca importancia le prestaron, las imagenes al otro dia se volvieron un rompecabezas con fichas perdidas.
La mesa fue un cajon con olor a noche, y la casa quedo revuelta.
De a ratos largos comenzaron a levantarse a causa de un martillazo los invitados, la resaca, la clasica pregunta de ¿que paso anoche?, y la vuelta a la realidad dieron a entender que no fue en esa loca decada que pensaron estar viviendo sino fue un martes en el año dos mil diez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario