Era viernes a la noche. Yo estaba en el bar con mis amigas y él preparaba su show.
Las luces bajan, un hombre presenta a una banda. Yo seguí charlando con mis amigas como si nada hasta que escuché su voz. Me di vuelta y lo vi ahí parado en el escenario frente al micrófono con su guitarra como todos los viernes.
Era perfecto. Bueno, perfecto para mí. Era como esa imagen que había creado en mi cabeza del chico ideal parado ahí cantando una canción.
Al terminar el show, baja del escenario y se sienta en la barra con sus compañeros de banda. Se pide una cerveza.
No podía dejar de mirarlo. Tenía esa típica pinta de músico que me encanta: pelo medianamente largo, despeinado, jeans rotos, camisa escocesa, zapatillas y sombrero.
Estaba tan embobada que no me di cuenta de que me estaba mirando. Me puse roja y di vuelta la cara de la manera más disimulada que pude. Pero… ¡estaba sola! Mis amigas estaban en el medio de la gente bailando y yo ni enterada.
Volví a mirar a la barra, pero él ya no estaba sentado, se estaba acercando a donde estaba yo. Me saluda, me dice su nombre, me compra una cerveza y nos ponemos a charlar. Hablamos toda la noche de cualquier cosa. Música, arte, política, comida, todo. Era un chico culto, inteligente, diferente a los demás.
Me dijo que no era la primera vez que me veía. Y claro, si yo estaba ahí todos los viernes esperando a que aparezca. Pasó un rato largo y mis amigas ya querían irse, pero yo no, así que me quedé con él.
Para terminar la noche perfecta me acompañó a casa. Llegamos a la puerta, me saludó y se fue. Como en cualquier película, frena, se da vuelta y vuelve hasta donde estaba yo. Me agarra la cara con las manos y… me desperté. Ay, que bronca! Siempre me pasa lo mismo y en la mejor parte!
Era viernes, así que esa noche, como todas las anteriores me fui al bar con mis amigas, charlamos, escuchamos a la banda. Termina el show y las chicas se van a bailar al medio de la pista. Él baja del escenario y se acerca a la barra, pide una cerveza, besa a su novia que como todos los viernes lo espera y yo, igual que siempre contemplo ese amor imposible que solo en sueños se da.
Cortesia de Pil Taboada.
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