
Una diosa derrochadora de perlas lagrimas, busca ascilo en este sucucho repleto de pocos lujos, ella esta exiliada con monjes franciscanos que la hospedan con gusto las veces que sea necesario asi sus lagrimas dejan de caer por un rato.
Esas lagrimas producto de ese maldito Duque del Unicentro, que poco ha de importarle sus suspiros nocturnos o sus lamentos noctambulos.
Una princesa del reino con aroma a coco que no deja serenar sus pensamientos y permite que el desgano se cobre el valor de seguir en pie.
Aquel duque que no sabe apreciar lo que mis ojos ven, ese que no conoce sus muecas de muñeca, y tampoco puede abrazarla toda acurrucada por su arrogancia de ser el dios de los mil y un compromisos sin contrato.
Una vez mas sentados en el vestibulo de la irrealidad y la incomprension sin aprender la leccion que no vale nada tanta equivocacion placentera.
Teresa llama pregunta ¿donde esta?, ¿por que no aparece?, ella esta en un exilio distinto a todos los conocidos, esta tranquila e intranquila, comoda o incomoda, pero aparenta encatarle convivir con estos serviles monjes franciscanos.
Un hermoso especimen de ternura y lamentos complementan esa forma tan exquisita de ser.
La costumbre siempre mata al placer, pero cuando no hay placer la costumbre se vuelve un gusto que no hay que dejar pasar por que si.
En este exilio ella puede soltar lo que en otros lados nunca soltaria, ella puede andar como en casa por que estos monjes se lo ofrecen sin vueltas ni pagos.
Todavia ideamos la mejor idea para derrotar al arrogante Duque del Unicentro de su cabeza, y asi ella pueda abrir sus ojos para ver que hay mas personas que pueden darle el mundo sin tener que ser el centro del universo.
Un retiro del exilio la hara volver con mas lagrimas que derrochar y mas palabras que contar.
Las puertas de este templo quedan abiertas para tu regreso princesa con muecas de muñeca.
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