Sabado seis treinta de la tarde, y las apariencias sientan en le vidriera el cielo oscuro como el de la media noche.
El almuerzo llego con retrazo pero dejo satisfechos a los comenzales, el ambiente sigue espeso por demas.
El velador hace un esfuerzo para darle mas luz a la habitacion.
Ya no hay atardeceres largos y sensacionalistas como los del verano, hoy son tan solo como los interruptores de la luz, arriba - luz, abajo - oscuridad.
Y todos tenemos un momento donde la oscuridad, nos lleva a las noches largas en compania del demonio, con tragos impagables, anotados a la cuenta de la vida, que cuando volvemos a la luz, no sabemos como hacer para remediar el gasto.
Este sabado que anticipa lluvia con esas nubes tan prepotentes, y la ciudad gris, con sus fieles servidores del trabajo ambulante, preparados como en ninguna otra ciudad estan armando la nueva gondola con paraguas. La viveza gaucha de esta ciudad, que sorprende cada dia mas, al recien llegado.
Y de los mil libros que quiero leer, no hay uno que me devuelva esa concentracion mitica que encontraba antes.
La sabiduria esta bajo candado y la llave se haya en esa vitrina que supongo por un par de años estoy lejos de llegar a preguntar su precio.
La comun coincidencia entre esta dama conocida de mas pero poco a la vez, me da tanta intriga de saber si las palabras realmente cubren a los hechos.
A mi lado el telefono que muerto me hace recordar las responsabilidades que no tengo ganas de asumir.
Los fosforos los prenden y vuelve a prenderse para prenderlos.
Creo yo en una filosofia de vida poco acertada, pero placentera al fin.
Las sonrisas comienzan a descender con la cercania del llamado de la obligacion, y comenzamos a entrar en otro clima de costumbre para prenderse al camino del encadenado al bosque de las chirolas.
Pero otra vez llegue al punto donde las pupilas acertadas hacen su golpe maestro, en la hora menos deseada. Una noche mas donde la desintoxicacion, viene de la mano de otra intoxicacion, asi seguidas veces hasta repetir el ciclo.
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