Antes que nada queria decir que este texto lo escribi en el interior de un frenesi intenso, y recien ahora lo mando por estos rumbos.
Y aquí me veo en un cuarto donde la obscuridad reviste los rincones, donde el sonido de la lluvia es mi único compañero, iluminado por las débiles llamas de las velas, que de a poco se van apagando.
Desconectado del mundo exterior, sintiendo la humedad de la ciudad por mi cuerpo.
Siempre critique a las personas que no pueden vivir si la tecnología en un mundo repleto de naturaleza viva, hoy sentado en una silla esperando que vuelva la luz me vuelvo contra mi propia crítica.
La vibra energética que corre por mis venas no me deja quieto.
Tal vez si salgo a caminar vaya directo a la boca del lobo.
Vacilaciones acumulan mi calendario nocturno.
Mi piel se vuelve imán de gotas de sudor, a esta situación ni la frescura de la lluvia de verano reprime el calor corporal que va en aumento por cada segundo que pasa.
Intento serenar mi cabeza con el sonido de una flauta que penetra mi ventana, tal vez ayude.
El silencio placentero buscado por miles de mentes, puede volverse una pesadilla perturbadora para las mentes débiles.
Lleno mi copa de vino a ojo ciego. Copa que festejaba el aniversario de mi barrio, aniversario que quiso recordar la calma de casi dos siglos de vida, y pensar que la gente con un farol vivía normalmente las noches…
Sabiduría la de antes, ignorancia la de ahora.
Una noche llena de líneas ondulantes mantienen mis ojos abiertos pretendiendo enseñarme a apreciar la calma que hace mucho no encontraba.
Momento clave de la noche para plantear los días próximos, realmente necesito darle un rumbo a mi vida, por mas que hasta hoy siempre me deje ganar.
Primero plegarias al sol que nos deje respirar, luego plegarias a la lluvia que nos refresque, y ahora plegarias a la luz que vuelva.
Cuanta contradicción que reside en nuestras vidas.
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